Nos gustó el parque nacional de Khao Yai. No hay demasiado turismo y es un lugar tranquilo y bonito donde pasamos un par de días caminando por la selva observando bichitos como el 'hornbill' (una especie de tucán gigante), serpientes, arañas, monos, gibones e incluso algún elefante asiático en libertad. También visitamos unas cuevas habitadas por cientos de miles de murciélagos que cada día salen a cazar a la misma hora, formando un impresionante hilo negro continuo que se pierde en el horizonte, como si e tratara de humo que sale de la cueva ondulando durante veinte minutos. Toda una experiencia. Ahí conocimos a una familia de franceses que están dando la vuelta al mundo con dos niñas pequeñas que hicieron amistad con Teo. Tienen una página web (www.leskdanslemonde.fr) donde las niñas van narrando el viaje desde su perspectiva, como nosotros queríamos hacer con Teo, pero es demasiado joven, y tal vez demasiado rebelde. También conocimos a una pareja muy maja que hace su luna de miel viajando por tierra desde Pekín, donde viven, hasta Camboya. Ella, profesora de inglés y él, artista de espacio urbano: Eltono (http://www.eltono.com/es), de quien mi madre es fan.
También nos gustó la pequeña ciudad de Nong Khai, a orillas del imponente río Mekong. Allá pasamos un par de días relajados en la deliciosa posada Mut Mee, rodeados de árboles y plantas tropicales tomando licuados de mango y probando la deliciosa comida Isan (como llaman al noreste de Tailandia). Y por supuesto visitamos Salakaewkoo (http://www.mutmee.com/030010_sculpture_park.htm), un flipante parque de estatuas gigantes de influencia budista e hinduista (y tal vez otras sustancias), construidas por un curioso chamán durante los años setenta.
Y por fin cruzamos el Mekong, que sirve de frontera natural entre Tailandia y Laos. El puesto fronterizo del Puente de la Amistad está a 22km de Vientiane, donde nos encontramos con mi amiga Ildi (de mi época vienesa) y su familia que nos acogieron en su casa durante una semana. Una familia húngaro-finlandesa fantástica en una casa estupenda que se convirtió para nosotros en un verdadero hogar tras cinco semanas de nomadismo. Teo hizo gran amistad con Alma y Sara, las dos hijas de dos y cuatro años, con las que compartió juegos, piscina, bicis, juguetes, libros, vídeos, algún que otro grito e incluso sesiones de circo y gimnasio. También nosotros hicimos muy buenas migas con Ildi e Ila. El sábado participamos en una sabrosa y divertida cena-juego con amigos, un murder mystery ambientado en la antigua Roma. Vientiane no parece una capital. Es una ciudad pequeña y bajita que se puede recorrer sin atascos y que es agradable a pesar de no tener mucho que visitar. Nos gustó recorrerla, de día por el centro, de noche por el barrio. Nos gustaron los templos. Disfrutamos de los masajes que nos dieron unas señoras ciegas de una asociación. Los niños la pasaron pipa jugando en los espacios para niños en heladerías, bares y restaurantes. Yo aproveché para cortarme el pelo, estilo lao. Y nos encantó la comida, sobre todo la del restaurante-social Makphet (http://tree-alliance.org/our-restaurants/makphet-menu1.asp?mm=or&sm=mp) y la que prepara Mai, una carismática señora lao que cuida de Sara y ayuda a la familia con la casa. En definitiva, una entrañable visita que nos permitió conocer la capital de Laos con una mirada diferente, la mirada de quién la vive desde dentro siendo de fuera.
Esta tarde volveremos a cruzar el Mekong hacia Udon Thani, desde donde mañana volaremos a Chiang Mai, en el norte de Tailandia.
... Travelling around South East Asia with my parents ... Un viaggio nel sudest asiatico con Dani e il piccolo Teo ... Un viaje por el sudeste asiático con Vinci y el pequeño Teo ...
25/02/2013
16/02/2013
Bangkok
Grattacieli, ponti, passaggi pedonali distribuiti su diversi livelli e marciapiedi affollati di bancarelle che vendono di tutto, ma specialmente cibo. Centri commerciali. E anche: case basse con tetti di lamiera, parchi, laghetti, ninfee e l'immancabile natura tropicale.
Cucinare e mangiare sui marciapiedi o nei mercati è un'arte di cui i thailandesi sono esperti. Tagliano, sbucciano, mescolano e condiscono a gran velocità, e senza avere bisogno di tanto spazio. Tutti mangiano per strada, anche noi, e quasi sempre è delizioso!
In giro c'è una maggioranza di persone giovani e trendy e quasi tutti interagiscono con Teo e sui mezzi pubblici tutti si alzano e cedono il loro posto a un genitore accompagnato dal suo bambino, che gentili!
Le cose più interessanti che abbiamo fatto/visto in questa città:
- Bangkok Art e Cultural Center (splendido museo di arte, artigianato e ristoranti thailandesi)
- Massaggi ai piedi mentreTeo faceva il pisolino
- Case tradizionali sul canale
- Chinatown durante i festeggiamenti dell'anno nuovo cinese, inclusa visita della principessa di Thailandia
- Mercato galleggiante di Khlong Lat Mayon, dove abbiamo pranzato
- Tempio buddista di Wat Pho
- Manifestazione contro l' uso in cucina delle pinne di squalo (per preservare gli squali dall'estinzione). Si urlava: "No shark's fin!"
- Cocktail al 62esimo piano dell'hotel Banyan Tree, mentre il sole tramontava dietro un grattacielo
Sono contenta di avere conosciuto questa metropoli asiatica ricca di sapori differenti, dove natura e asfalto, tradizione e futurismo convivono armoniosamente.
Cucinare e mangiare sui marciapiedi o nei mercati è un'arte di cui i thailandesi sono esperti. Tagliano, sbucciano, mescolano e condiscono a gran velocità, e senza avere bisogno di tanto spazio. Tutti mangiano per strada, anche noi, e quasi sempre è delizioso!
In giro c'è una maggioranza di persone giovani e trendy e quasi tutti interagiscono con Teo e sui mezzi pubblici tutti si alzano e cedono il loro posto a un genitore accompagnato dal suo bambino, che gentili!
Le cose più interessanti che abbiamo fatto/visto in questa città:
- Bangkok Art e Cultural Center (splendido museo di arte, artigianato e ristoranti thailandesi)
- Massaggi ai piedi mentreTeo faceva il pisolino
- Case tradizionali sul canale
- Chinatown durante i festeggiamenti dell'anno nuovo cinese, inclusa visita della principessa di Thailandia
- Mercato galleggiante di Khlong Lat Mayon, dove abbiamo pranzato
- Tempio buddista di Wat Pho
- Manifestazione contro l' uso in cucina delle pinne di squalo (per preservare gli squali dall'estinzione). Si urlava: "No shark's fin!"
- Cocktail al 62esimo piano dell'hotel Banyan Tree, mentre il sole tramontava dietro un grattacielo
Sono contenta di avere conosciuto questa metropoli asiatica ricca di sapori differenti, dove natura e asfalto, tradizione e futurismo convivono armoniosamente.
14/02/2013
Desde Bangkok: año nuevo chino, delicias callejeras y una ciudad donde no se puede caminar
Después de pasar una semana en la preciosa y relajante Ko Lanta, hicimos dos pequeñas"escalas" de un día y medio para romper las más de 15 horas de camioneta y tren hasta Bangkok. La primera fue en la pequeña y anónima ciudad de Trang, nuestra primera parada en tierra firme en Tailandia, nuestros primeros mercados de día y de noche y nuestros primeros tés y cafés urbanos. Nos cayeron muy bien tanto la ciudad como el hotel (SriTrang). La segunda fue en Hua Hin, la playa de los bangkokianos y, en su día, de los reyes - recomendada por una amiga. Llegamos antes del amanecer, después del primer viaje en tren litera de Teo, que le encantó. No vimos sus playas (no era lo que buscábamos después de la sobredosis de islas) pero la ciudad no nos gustó nada. Nos pareció una especie de Patong para jubilados, sin "vicio" pero sin carisma. Aprovechamos para descansar y disfrutar del hotel y de su piscina, donde Teo aprendió a nadar sólo, con sus manguitos.
Bangkok, que ya me había encantado hace nueve años, no nos decepcionó. Empezamos por visitar el pequeño mercado flotante de Khlong Lat Mayom, en un barrio de las afueras adonde van los locales a disfrutar el fin de semana. De regreso al centro nos dimos un chapuzón de shopping (sobre todo "miring" en nuestro caso) en el Siam Paragon, el centro comercial más reciente y moderno de la ciudad, impresionante. Yo disfruté sobre todo en el Gourmet Centre y en el Food Court, comiendo por los ojos un millón de ingredientes y de platos asiáticos. Una buena introducción a la excelente comida callejera que se encuentra en cada esquina de la ciudad.
El segundo día decidimos callejear (pardillos...) desde el original y artístico Suk11 Hostel de Sukhumvit hasta el parque Lumphini, donde Teo disfrutó del playground y nosotros de las vistas. Rodeados de rascacielos sobre los arboles, vimos nuestro primer partido de Sepak Takraw, una especie de voleibol sin manos. Y en un barquito a pedales los tres disfrutamos del lago.
De ahí el plan era caminar hasta Chinatown, pero las distancias que en el mapa parecen cortas y no lo son, nos hicieron recapacitar. Tomamos el veloz Skytrain y luego caminamos, y caminamos. Más tarde entenderíamos que esta ciudad, al contrario que otras grandes capitales, no se puede recorrer a pie. No sólo por el calor y la humedad, es que en distancias largas se camina mucho para ver poco, y no es rentable. Los taxis y tuk-tuk son baratos pero el tráfico es tan denso, que a pesar del complejo sistema de calles y "expressways" a varios niveles, tampoco se rueda. Menos mal que están el Skytrain, el metro y el río con sus barcos rápidos. Mucha gente también viaja en moto-taxi, nosotros no lo probamos. En una semana, al ritmo de Teo, nos dió tiempo a ver mucho menos de lo que pensábamos. Los planes del día se acababan reduciendo a la mitad. Pero qué más da. Lo importante para nosotros era vivir un poco la ciudad. Y disfrutarla.
Chinatown es un barrio siempre bullicioso, pero es que durante el año nuevo chino es increíble. Y cuando se espera la visita de la princesa de Tailandia, se cortan las calles, y si encima Teo se ha dormido en la manduca, es la ocasión perfecta para un buen foot massage. Durante un día y medio, estuvimos recorriendo Yaowarat y sus calles aledañas, disfrutando de sus colores, olores y sabores, y de la fiesta, como si fueran las fiestas del pueblo en un pueblo de España.
Otra actividad interesante e improvisada fue saltar de un centro comercial a otro, de una pasarela a otra y de un piso a otro del rascacielos buscando alguien de Canon que nos pudiera arreglar en 24 horas el LCD de la cámara, que en menos de un mes se nos había roto. Y también aprendimos que no existen garantías internacionales para productos Canon. Así qué la próxima, la compraremos en Europa. Cómo se lo montan las multinacionales.
La despedida de Bangkok fue de vértigo, tomando un licuado desde lo alto de la torre del Banyan Tree Hotel al atardecer, con una puesta de sol a 360 grados sobre la ciudad. Indescriptible.
Ya llevamos casi un mes en Tailandia y nos va a caducar el visado. El plan es viajar a Vientiane, la capital de Laos, donde visitaremos a mi amiga Ildi y a su familia. Hoy partimos hacia el parque nacional de Khao Yai, cambiando la jungla de asfalto por la de verdad, al menos por un par de días.
Bangkok, que ya me había encantado hace nueve años, no nos decepcionó. Empezamos por visitar el pequeño mercado flotante de Khlong Lat Mayom, en un barrio de las afueras adonde van los locales a disfrutar el fin de semana. De regreso al centro nos dimos un chapuzón de shopping (sobre todo "miring" en nuestro caso) en el Siam Paragon, el centro comercial más reciente y moderno de la ciudad, impresionante. Yo disfruté sobre todo en el Gourmet Centre y en el Food Court, comiendo por los ojos un millón de ingredientes y de platos asiáticos. Una buena introducción a la excelente comida callejera que se encuentra en cada esquina de la ciudad.
El segundo día decidimos callejear (pardillos...) desde el original y artístico Suk11 Hostel de Sukhumvit hasta el parque Lumphini, donde Teo disfrutó del playground y nosotros de las vistas. Rodeados de rascacielos sobre los arboles, vimos nuestro primer partido de Sepak Takraw, una especie de voleibol sin manos. Y en un barquito a pedales los tres disfrutamos del lago.
De ahí el plan era caminar hasta Chinatown, pero las distancias que en el mapa parecen cortas y no lo son, nos hicieron recapacitar. Tomamos el veloz Skytrain y luego caminamos, y caminamos. Más tarde entenderíamos que esta ciudad, al contrario que otras grandes capitales, no se puede recorrer a pie. No sólo por el calor y la humedad, es que en distancias largas se camina mucho para ver poco, y no es rentable. Los taxis y tuk-tuk son baratos pero el tráfico es tan denso, que a pesar del complejo sistema de calles y "expressways" a varios niveles, tampoco se rueda. Menos mal que están el Skytrain, el metro y el río con sus barcos rápidos. Mucha gente también viaja en moto-taxi, nosotros no lo probamos. En una semana, al ritmo de Teo, nos dió tiempo a ver mucho menos de lo que pensábamos. Los planes del día se acababan reduciendo a la mitad. Pero qué más da. Lo importante para nosotros era vivir un poco la ciudad. Y disfrutarla.
Chinatown es un barrio siempre bullicioso, pero es que durante el año nuevo chino es increíble. Y cuando se espera la visita de la princesa de Tailandia, se cortan las calles, y si encima Teo se ha dormido en la manduca, es la ocasión perfecta para un buen foot massage. Durante un día y medio, estuvimos recorriendo Yaowarat y sus calles aledañas, disfrutando de sus colores, olores y sabores, y de la fiesta, como si fueran las fiestas del pueblo en un pueblo de España.
Otra actividad interesante e improvisada fue saltar de un centro comercial a otro, de una pasarela a otra y de un piso a otro del rascacielos buscando alguien de Canon que nos pudiera arreglar en 24 horas el LCD de la cámara, que en menos de un mes se nos había roto. Y también aprendimos que no existen garantías internacionales para productos Canon. Así qué la próxima, la compraremos en Europa. Cómo se lo montan las multinacionales.
La despedida de Bangkok fue de vértigo, tomando un licuado desde lo alto de la torre del Banyan Tree Hotel al atardecer, con una puesta de sol a 360 grados sobre la ciudad. Indescriptible.
Ya llevamos casi un mes en Tailandia y nos va a caducar el visado. El plan es viajar a Vientiane, la capital de Laos, donde visitaremos a mi amiga Ildi y a su familia. Hoy partimos hacia el parque nacional de Khao Yai, cambiando la jungla de asfalto por la de verdad, al menos por un par de días.
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