08/03/2013

Desde Chiang Mai: rutinilla, curso de cocina, elefantes y pandas gigantes


Nos hemos quedado enganchados a esta ciudad, como mucha gente. No es que hayamos hecho nada del otro mundo, sobre todo considerando la oferta turística de Chiang Mai y alrededores, pero es que es una ciudad muy agradable y con alojamiento bueno y barato (Ban Wiang, por 350 Bhat/9 euros), hemos ido dejando los días fluir, mecidos por el día a día. Viendo a Teo crecer y observando lo bien que se desenvuelve viajando. Tratando de descubrir el mundo a través de sus ojos.

Pasamos el tiempo caminando por la ciudad vieja, viendo mercados y mercadillos (¡qué pena estar limitados por el peso y el volumen de las mochilas, compraríamos todo!), probando diferentes restaurantes (nos gustó especialmente el Angel's Secret, al lado de casa y la comida birmana del Free Bird Café) y experimentando diferentes tipos de masaje: además del thai tradicional, el de pies y el de espalda y cuello que ya conocíamos, probé el de aceite (muy relajante), el de compresas calientes de hierbas y Vinci el facial con scrub. También por primera vez probé uno de esos "fish spa" donde cientos de minúsculos pececillos te comen la piel muerta de los pies y las piernas, muy interesante sensación, como calambres suaves a cámara lenta que te dejan la piel como nueva. Nos gustó especialmente el mercado de búfalos de Sanpatong y la experiencia del khantoke, una forma tradicional de cenar compartiendo una bandeja sentados en el suelo y viendo un espectáculo de baile local.

También aproveché para hacer un curso de cocina thai. Después de una búsqueda en internet me decidí por Thai Farm Cooking School, en una granja a las afueras de la ciudad. Vinci y Teo pasarían un día tranquilo, leyendo, jugando y coloreando (Teo está enganchado y aprendiendo rapidísimo con unos cuadernos que le hemos comprado). Por la mañana me recogieron en picop y visitamos un mercado con algunas explicaciones interesantes de la instructora. Una vez en la granja, nos enseñaron las plantas y raíces básicas de la cocina thai. Poco después nos pusimos manos a la obra armados de mortero, tabla, wok e ingredientes frescos para cocinar seis platos diferentes que iríamos comiendo durante el día.

Al final no subimos en elefante, como pensábamos hacer y le llevábamos diciendo a Teo desde Ko Lanta. Después de ver el ultra turístico Maesa Elephant Camp se nos quitaron un poco las ganas. Es impresionante lo que les enseñan a hacer a estos animales: bromean, besan a los turistas con la trompa, saludan, actúan, juegan a fútbol y a baloncesto, desplazan troncos, cargan a turistas en cajas sobre su lomo y hasta pintan muy muy bien. La paciencia que deben tener tanto los propios elefantes como sus cuidadores de por vida, los mahouts... A Teo y a mí nos encantó darles de comer, acariciarlos y que nos abrazaran. Pero nos dió un poco de pena todo el tinglado. Esas cadenas en las patas para que no se escapen (por su bien, dicen) y esos ganchos puntiagudos para que obedezcan. Aunque aseguran que los elefantes no sufren y que los tratan muy bien, me sentí un poco como en un circo solo de animales, como en una corrida de toros (y eso que nunca he estado en ninguna). Decidimos no montar. Nos quedamos un poco con las ganas, sobre todo por Teo, pero será para la próxima, cuando se den las condiciones.

Para compensar, el último día Teo y yo fuimos al zoo (Vinci se pegó el día solita, que tanto le apetecía). La pasamos rebién y fue interesante ver animales en acción: pandas comiendo (me enteré que sólo existen 35 fuera de China), koalas comiendo (se pegan 20 horas al día durmiendo), una pantera acosada por un 'pantero' con ganas de aparearse, gibones que parecían comunicar con Teo, etc. El zoo es enorme y los animales tienen bastante espacio para moverse (todo es relativo, sigue siendo un zoo y da pena ver a animales salvajes encerrados en unos metros cuadrados, pero me dio menos pena que el de Londres). Lo que tiene de curioso este zoo es la interacción con los animales. Venden porciones de comida para que los visitantes les den bananas con la mano a las jirafas o trozos de carne en pincho moruno con un palo de escoba al jaguar...

Tras once días en Chiang Mai, hemos agotado prácticamente nuestro segundo visado tailandés (te dan 14 dias cuando entras por tierra). Escribo estas líneas desde el tren que nos lleva a Ayuthaya, la antigua capital del reino de Siam, donde pasaremos unos días antes de volar a Hanoi, nuestro próximo destino.







































































1 comment:

  1. Dani, cuando volváis a Aragona, tienes mi cocina a tu disposición... "Serata asiatica" ya!!!!! ;)

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