Después de pasar una semana en la preciosa y relajante Ko Lanta, hicimos dos pequeñas"escalas" de un día y medio para romper las más de 15 horas de camioneta y tren hasta Bangkok. La primera fue en la pequeña y anónima ciudad de Trang, nuestra primera parada en tierra firme en Tailandia, nuestros primeros mercados de día y de noche y nuestros primeros tés y cafés urbanos. Nos cayeron muy bien tanto la ciudad como el hotel (SriTrang). La segunda fue en Hua Hin, la playa de los bangkokianos y, en su día, de los reyes - recomendada por una amiga. Llegamos antes del amanecer, después del primer viaje en tren litera de Teo, que le encantó. No vimos sus playas (no era lo que buscábamos después de la sobredosis de islas) pero la ciudad no nos gustó nada. Nos pareció una especie de Patong para jubilados, sin "vicio" pero sin carisma. Aprovechamos para descansar y disfrutar del hotel y de su piscina, donde Teo aprendió a nadar sólo, con sus manguitos.
Bangkok, que ya me había encantado hace nueve años, no nos decepcionó. Empezamos por visitar el pequeño mercado flotante de Khlong Lat Mayom, en un barrio de las afueras adonde van los locales a disfrutar el fin de semana. De regreso al centro nos dimos un chapuzón de shopping (sobre todo "miring" en nuestro caso) en el Siam Paragon, el centro comercial más reciente y moderno de la ciudad, impresionante. Yo disfruté sobre todo en el Gourmet Centre y en el Food Court, comiendo por los ojos un millón de ingredientes y de platos asiáticos. Una buena introducción a la excelente comida callejera que se encuentra en cada esquina de la ciudad.
El segundo día decidimos callejear (pardillos...) desde el original y artístico Suk11 Hostel de Sukhumvit hasta el parque Lumphini, donde Teo disfrutó del playground y nosotros de las vistas. Rodeados de rascacielos sobre los arboles, vimos nuestro primer partido de Sepak Takraw, una especie de voleibol sin manos. Y en un barquito a pedales los tres disfrutamos del lago.
De ahí el plan era caminar hasta Chinatown, pero las distancias que en el mapa parecen cortas y no lo son, nos hicieron recapacitar. Tomamos el veloz Skytrain y luego caminamos, y caminamos. Más tarde entenderíamos que esta ciudad, al contrario que otras grandes capitales, no se puede recorrer a pie. No sólo por el calor y la humedad, es que en distancias largas se camina mucho para ver poco, y no es rentable. Los taxis y tuk-tuk son baratos pero el tráfico es tan denso, que a pesar del complejo sistema de calles y "expressways" a varios niveles, tampoco se rueda. Menos mal que están el Skytrain, el metro y el río con sus barcos rápidos. Mucha gente también viaja en moto-taxi, nosotros no lo probamos. En una semana, al ritmo de Teo, nos dió tiempo a ver mucho menos de lo que pensábamos. Los planes del día se acababan reduciendo a la mitad. Pero qué más da. Lo importante para nosotros era vivir un poco la ciudad. Y disfrutarla.
Chinatown es un barrio siempre bullicioso, pero es que durante el año nuevo chino es increíble. Y cuando se espera la visita de la princesa de Tailandia, se cortan las calles, y si encima Teo se ha dormido en la manduca, es la ocasión perfecta para un buen foot massage. Durante un día y medio, estuvimos recorriendo Yaowarat y sus calles aledañas, disfrutando de sus colores, olores y sabores, y de la fiesta, como si fueran las fiestas del pueblo en un pueblo de España.
Otra actividad interesante e improvisada fue saltar de un centro comercial a otro, de una pasarela a otra y de un piso a otro del rascacielos buscando alguien de Canon que nos pudiera arreglar en 24 horas el LCD de la cámara, que en menos de un mes se nos había roto. Y también aprendimos que no existen garantías internacionales para productos Canon. Así qué la próxima, la compraremos en Europa. Cómo se lo montan las multinacionales.
La despedida de Bangkok fue de vértigo, tomando un licuado desde lo alto de la torre del Banyan Tree Hotel al atardecer, con una puesta de sol a 360 grados sobre la ciudad. Indescriptible.
Ya llevamos casi un mes en Tailandia y nos va a caducar el visado. El plan es viajar a Vientiane, la capital de Laos, donde visitaremos a mi amiga Ildi y a su familia. Hoy partimos hacia el parque nacional de Khao Yai, cambiando la jungla de asfalto por la de verdad, al menos por un par de días.




























Che bella la foto con le tre mani! Buon viaggioooo!
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